DREAMLESS 2013


VIDEO - PHOTOGRAPHS - DRAWINGS - INSTALLATION - TEXT


ANARQUIA FELIZ EN UNA FIESTA DE NINOS

Quien te dijo que comieras demasiado pastel,
Que metieras soda cuello abajo a otros niños?
Vas a acabar en la olla del diablo por ello,
Nadie se salvará, ni siquiera los inocenrtes.

(Tuomari Nurmio: Lasten mehuhetki ('Fiesta de los Refrescos para Niños', 1981)

La exposición de Oliver Whitehead ,Dreamless (2013), nos presenta una resplandeciente fiesta de niños con colores de caramelo y olor a magdalenas, con pequeñas princesas y mini superhéroes que disfrutan bajo los efectos de un colocón de azúcar. De todas manera, en esta fiesta casi cualquier cosa que normalmente nunca se aceptaría se permite, ya que aquí los padres, con sus normas de control y sus consejos sobre comportamiento, se han quedado en casa y los pequeños son libres de expresarse con espontaneidad, en una atmósfera de abandono desenfrenado . Comen con las manos pasteles servidos en bandejas, estrujándolos con sus pequeños puños como si fueran plastilina. A veces incluso tiran amasijos de magdalenas a sus compañeros de fiesta, sentados al otro lado de la mesa. A pesar de que el comportamiento de los niños se va desbordando progresivamente (a la par que su nivel de azúcar), y que sus modales son olvidados con el alboroto, afortunadamente ninguno de los pequeños rebeldes acaba en la olla del diablo.

Gozosa celebración de niños

En su instalación de doble canal de vídeo, Dreamless (2013), Oliver Whitehead documenta la preparación de un grupo de niños para una fiesta, un convite especial con la mesa absolutamente repleta de pasteles y golosinas. Al principio, vemos las niñas y niños en edad pre-escolar preparando sus atuendos como si fueran a celebrar el cumpleaños de un amigo o una fiesta de disfraces. Preparan con cuidao sus personajes, pintando corazones, aranas, mariposas o lagartijas en sus caras, vistiéndose con capas de superhéroes, sombreros de marinero y tiaras de princesa.

Cuando los pequeños invitados ven finalmente el gran banquete, en la estancia oculta detrás de unas cortinas de gasa blanca, parecen emocionados y sorprendidos al mismo tiempo. Algunos muestran incredulidad en su rostro – es todo esto sólo para nosotros?. Cubierta con manteles blancos, la mesa esta puesta con cubiertos de plástico de colores, servilletas y una tentadora variedad de dulces, galletas, bollos y pasteles. Es evidente que todo ha sido preparado con extremo cuidado, con pasteles en forma de coche, de muñeca, de corazón y incluso de brillante pistola plateada. Los niños miran los pasteles con adoración, al principio se sirven tímidamente, cortando trozos uno después de otro.

A mediada que la fiesta discure y incluso mas maravillosos pasteles entran en escena, el comportamiento de los niños empieza a alterarse. Cuando los juguetes sorpresa empiezan a aparecer del interior de los pasteles, los niños los empiezan a atacar, destrozando los pasteles con tenedores de plástico y con sus manos. La cacería para encontrar las sorpresas escondidas les desboca aun mas. Los niños escarban los juguetes de dentro de los pasteles, que acaban en la mesa, destrozados y sin comer. Al introducir los juguetes dentro de los pasteles para que los niños los encuentren y manoseen, Whitehead nos presenta una analogía entre los juguetes y los “fetiches del consumismo”. Si bien los juguetes son iconos simbólicos que representan el mundo de los niños, también son objetos de insaciable deseo, a la vez que herramientas y premios por los que competir entre los niños.

El destino del precioso pastel en forma de muñeca es tal vez el mas grotesco. Con flequillo rosa, su cabeza es la primera en ser derruida ya que los niños despedazan primero su cara y después su torso. Los juguetes escondidos dentro del pastel, son arrancados como vísceras de un animal sacrificado. Cortar el pastel es como un acto de canibalismo, donde los niños dan bocados a la cabeza y los pies de mazapán. Al final el pastel se parece mas a una víctima de un bombardeo que a una delicia de pastelería, con sus extremidades esparcidas por toda la mesa. Un fragmento de su cara mira a la cámara con un solo ojo desde la mesa. Me acuerdo de una vieja canción infantil donde un muñeco de trapo abandonado canta triste para si mismo en la esquina de la mesa de una casita de muñecas: “queridos niños, por favor tratad con cariño incluso a los muñecos viejos!”.

Whitehead ha capturado también la tensión previa al convite con retratos fotográficos en los que los jóvenes invitados posan con sus mascaras y disfraces de fiesta. Otra serie de fotografías presenta la devastada mesa del banquete una vez terminada la fiesta, cuando los niños se han ido. La cámara deambula poco a poco, capturando el desorden y seleccionando detalles de entre los deshechos y adornos esparcidos alrededor de la mesa. Los pequeños juguetes de plástico, que instantes antes eran el objeto de deseo, ahora se mezclan entre los restos, olvidados en medio de un vertedero de residuos hecho de golosinas.

Incluye un juguete sorpresa!

Whitehead se ha interesado por juguetes - coches, muñecos y soldados de plástico- desde hace tiempo, este es un tema que continua en Dreamless. Para Whitehead, los juguetes, al igual que muchos otros objetos, dan fe simultáneamente del “diseño y hedonismo”, a la “violencia y agresión”. El vídeo de los niños en la fiesta de los pasteles parece relativamente simple a primera vista, pero pronto se ensombrece cuando uno empieza a plantearse sobre las estrategias comerciales para niños, aspectos expresados en el vídeo de Whiehead a través de codiciados juguetes y multitud de otras atractivas exquisiteces que incitan a los niños a comer solo por diversión y mas de lo que seria necesario.

Una de las fuentes de inspiración para Dereamless es el marketing dirigido a niños en el que comida y bebida se presenta cada vez mas con formas e imágenes afines al mundo de los juguetes, películas y comics. Anuncios con mensajes espectacularmente visuales y emocionantes seducen a los niños, abusando sin vergüenza de la afección que tienen hacia sus personajes favoritos. Es también progresivamente común que un juguete y la comida compartan bandeja en un restaurante, o que haya un regalo sorpresa dentro del paquete de cereales en la mesa donde desayunan los niños. La relación entre estas dos comodidades para el consumidor -comida y juguete- se ha convertido casi simbiótica, es la norma mas que la excepción. El juguete de regalo que viene con la comida parece premiar al niño por comer, a pesar de que el acto de comer debe ser un acto natural que forma parte de su crecimiento, sin ningún otro incentivo adicional.

Es también cada vez mas común, por parte de los productores de comida para niños y el marketing, conectar la comida con figuras populares de la animación, comics, videojuegos, humor, magia y fantasía - importantes marcas que se han incrustado en las mentes de los niños. Ya no son solo las golosinas o helados los que emulan iconos del entretenimiento infantil y juguetes – “nuggets” de pollo, cereales para el desayuno, “puddings” de chocolate también se visten con mas digeribles y seductoras formas. El buen sabor o la aportaciones nutritivas de la comida ya no son el aspecto mas esencial, es mas importante llamar la atención de los niños a a través de la apariencia visual de la comida – y sobretodo sus llamativos envases – para así atraer los niños hacia la comida. El tiempo de las comidas tradicionales como la sopa de guisantes o el estofado de pollo parece lejano: una apariencia sin brillo hace difícil la supervivencia de un producto en el mundo de la comida contemporánea, basado en su apariencia y vistosidad, en el que la necesidad real, lo saludable y sus valores nutritivos, lamentablemente siguen teniendo una relevancia secundaria.

Traducción, Anna Estarriola.